No hace falta vender a un inversor externo. También es posible transmitir la nuda propiedad de tu vivienda a un hijo u otro familiar. Te explicamos cómo funciona y en qué se diferencia de una donación.
Sí. La venta de la nuda propiedad no exige que el comprador sea una empresa o un inversor externo: puede ser perfectamente un hijo, un sobrino o cualquier otro familiar. La operación se formaliza igual que con cualquier otro comprador —en escritura pública ante notario, reservando el usufructo vitalicio del vendedor— con la diferencia de que el precio y las condiciones se negocian dentro del ámbito familiar.
Es habitual confundir dos figuras distintas:
Elegir una u otra vía depende de si el propietario necesita realmente recibir el dinero (venta) o simplemente quiere adelantar la herencia sin contraprestación económica (donación).
Aunque se trate de una operación familiar, Hacienda exige que el precio pactado se corresponda con un valor de mercado razonable, calculado según la regla del 89 sobre el valor de tasación del inmueble. Si se vende por un precio artificialmente bajo respecto a ese valor, la Administración puede considerar que existe un componente de donación encubierta sobre la diferencia, con las consecuencias fiscales que eso conlleva.
No necesariamente; puede pactarse también en este caso un pago único, una renta periódica o un modelo mixto, igual que con cualquier otro comprador.
Puede afectar al reparto futuro del patrimonio, por lo que conviene valorarlo con cuidado, y en su caso, compensar a los demás herederos de alguna manera.